Hay momentos en la vida en los que necesitas pararte a pensar, aunque el resto del mundo siga en movimiento. Ese movimiento rápido y veloz, porque el tiempo es así. Rápido y veloz. Algo que no puedes recuperar. No puedes volver atrás, se pierde.
Pero aún así, necesitas esos momentos. Esos momentos de pararte a ver hacia donde va tu vida, pensar hacia donde quieres que vaya, en que camino es el correcto, en que es lo que se supone que debes hacer y sobre todo, pensar en lo que tú quieres hacer.
Llevo toda mi vida pensando en lo que debo hacer, en lo que esperan que haga y no en lo que quiero hacer.
Error. Un gran error.
Me he dado cuenta que en primer lugar debo tener en cuenta lo que quiero hacer, al fin y al cabo es mi vida, voy a tener que vivir yo con lo que elija, no ellos. Por lo que debo elegir algo que me guste, que esté de acuerdo.
Es el momento de pararme a pensar en mí y solo en mí. En dedicar momentos solo para mí. En hacer esas pequeñas cosas que tanto me gustan. En decidir mis propios propósitos y cumplirlos para mí. Que el tiempo pasa y no se recupera, que hay que aprovechar cada segundo de nuestras vidas.
Son mis momentos. Es mi vida.

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